Milán, 16 de septiembre de 2010

Milán, a 13 de septiembre de 2010. (FOTOS)
De nuevo hacia mucho que no salía de España a dar una vuelta por ahí, pero como ya era hora de desempolvar las maletas de los aviones, busque hasta conseguir una buena oferta con Ryanair para volar a Milán.
Hasta el aeropuerto esta vez me he ido en la moto, ya que en el aeropuerto de Alicante hay aparcamientos gratuitos para la moto y me ahorro el siempre costoso parking del aeropuerto.
El vuelo con Ryanair es cuanto menos pintoresco, en primer lugar por ese afán en medir y pesar las maletas como si les fuera la vida en ello y luego por el avión en sí, sus colores, su falta de … de todo lo que no sean asientos y el afán por vender variopintas cosas durante todo el viaje. Me pregunto si no venderían a su propia madre si no fuera porque no hay tiempo para ello. Resumiendo, que no te dejan echar una cabezadita porque cada dos por tres están vendiendo algo y usan la megafonía para que “apreciemos” sus cualidades.
Ya en Bergamo (aeropuerto cercano a Milán) nos desplazamos a la ciudad en una de las tres compañías que hacen el trayecto y en una hora llegamos a la estación central de trenes de Milán, donde tienen su base las tres compañías.
Nuestro primer objetivo, aun sin haber dejado las maletas fue precisamente esta estación, creada bajo las ordenes de Musolini en la 2ª guerra mundial, y que guarda fiel la imagen megalómana del mismo, en cuanto al tipo de construcción (ver fotos). En la misma estación nos acercamos a comer (10€/persona) a una pizzería/tratoria para degustar las pizzas auténticamente italianas y tras el desengaño de ver que están igual de ricas en cualquier parte, recogimos en el punto de información unos mapas y algo de información.
De ahí el metro, donde compramos por 5,50€ un bono para dos días de transporte público ilimitado y nos dirigimos al hotel.
Para esta ocasión, nos hemos dejado llevar por el precio y hemos acertado medianamente en el Hotel Brasil, cercano a la estación de “Dateo” y bien comunicado con todas partes. Digo medianamente, porque aunque la habitación es inmensa y tiene todo lo que se puede esperar de un hotel, se encuentra en un edificio viejo que necesita reformas externas y algún que otro detalle interno y hay cosas que resultan algo incomodas, como el vetusto ascensor o la desvencijada terraza. Por otra parte el desayuno no está incluido y cuesta 3 euros y el wifi es de pago costando otros 5 €/dia…
Una vez organizada la ropa y listo el itinerario, nos dirigimos en bus a la plaza del Duomo, epicentro de la ciudad y lugar de partida de cualquier excursión por la ciudad, aunque por error, nos bajamos antes de llegar y aparecemos en la plaza de San Babila, que nos llevo directamente al Duomo a través de la “milla de oro” de Milán. Y es que no podemos olvidar que si la moda tiene una capital en el mundo esa es sin duda Milán. Ahí vimos de refilón las últimas tendencias de la moda que se avecina y nos impresionamos de la cantidad de tiendas Españolas que se ven en esta “Milla de Oro”.
Nada de esto mencionado vale para nada en cuanto se divisa la silueta barroca de la Catedral del Duomo, Impresiona, su silueta, sus formas sinuosas, sus gárgolas, sus encrespados picos, las miles de figuras ahí representados me dejan la boca abierta. Nunca en mi vida, y eso que he visitado monumentos, había visto nada igual.
Raudo y veloz, me dirijo al interior para ver lo que imagino será menos impresionante y dejar para lo ultimo el exterior, sin embargo me equivoco (ver fotos) de nuevo. Pienso que quizás Italia al tener en su seno, a la Ciudad del Vaticano tenga “enchufe” para deleitar al visitante con más y mejores monumentos. Lo cierto es que el interior sorprende al visitante con su aroma a incienso y su autentica pinacoteca que pende de cables del techo y deja al a vista una veintena de obras de arte de grandes dimensiones.
Una vez en el exterior de nuevo, nos dirigimos al ascensor que nos lleva al tejado de la iglesia para ver algo que solo por ello, merece la visita a Milán. Una serie de pasadizos nos lleva entre los escarpados picos barrocos a las partes más altas de la misma permitiendo además de unas preciosas vistas de la ciudad, deleitar al visitante con el detalle de esos picos. Realmente no encuentro palabras para describir lo que pude ver, sin embargo si pude sacar algunas fotos para el recuerdo. Por cierto, subir en ascensor cuesta 8 €, pero si queréis disfrutar de 170 escalones podéis hacerlo por las escaleras por solo 5 €.
Al bajar de ahí me queda la impresión de que vea lo que vea a partir de ahora en la ciudad, no me gustara tanto si lo comparo con lo visto hasta ahora, así que borro en la medida de lo posible lo visto, y nos dirigimos a la Galería Vittorio Emanuele II a seguir con la moda, Channel, Gucci, Prada, etc…, deleitan nuestros ojos mientras que el acristalado techo no deja de recordarnos que aquello es Milán y no es un sitio cualquiera.
Ya se va haciendo tarde, así que de nuevo nos metemos en el metro y dejamos para el día siguiente lo que nos queda, porque hoy ya estamos muy cansados.

El segundo día madrugamos y a las 10 de la mañana ya estamos caminando por las calles.
El primer lugar es la parada de tren de Porta Venezia para recorrer Giardiani Pubblici, pero antes entramos al Museo de Historia Natural a ver bichos y dinosaurios. Acabábamos de empezar y ya estábamos muertos de calor, porque aunque las previsiones no lo indicaban, esta haciendo un calor, que parece Alicante, y nosotros con manga larga estamos sudando lo que no está escrito… así que nos subimos al bar del museo y nos tomamos la primera cocacola del dia.
A continuación paseamos por el parque sin nada que destacar y terminamos en los museos de Arte Contemporáneo y de Arte Moderno aunque el de Arte contemporáneo estaba cerrado por reformas.
De ahí fuimos al “Cuadrilátero de Oro” a ver las tiendas que de verdad están entre las más caras del mundo (ver fotos) y no nos extrañó ver que no había gente por las calles con bolsas de comprar ya que por ejemplo un pantalón vaquero cuesta 350€ o una camiseta de manga corta más bien simplota no bajaba de 170€. Solo un chico que entregaba a una chica una pequeña bolsita de alguna tienda de la zona.
Lo mejor de este sitio es darse cuenta uno de la cantidad de dinero que se ahorra comprando en las tiendas de los centros comerciales… Aunque reconozco que nosotros caímos y compramos algo.
Ya era hora de comer y no habíamos visto restaurantes ni nada para comer, así que decidimos que en lugar de ir en metro a nuestro siguiente destino, iremos caminando para ver si hay suerte y encontramos algo. Nos llamaba la atención la cantidad de gente trajeada y arreglada que iba por las calles y pensamos que es que en esta ciudad todo el mundo sale arreglado y bien vestido, sin embargo al llegar después la tarde nos dimos cuenta que la gente viste igual que en cualquier sitio, solo que por el lugar en el que nos encontrábamos la gente se arregla para ir a trabajar. Y hablando del sitio, encontramos el primer restaurante tras unos 15 minutos de camino y sin dudarlo y ante la falta de competencia comimos algo tan típico de Milán como un filete a la Milanesa con patatas y ensalada de acompañamiento, que pagamos a precio de “cojón de miko”. 15€/persona
Tras la comida seguimos haciendo eso que tan bien se nos da, como es caminar hasta llegar a la zona de Parco Sempione donde uno se encuentra un poco de todo para el disfrute del viajero.
Destacar que un senegalés me timo como a un tonto 5€ de la manera más tonta con unas pulseras feas y horteras de hilo de colores, pero reconozco que su técnica es de lo mas eficiente. Esto pasó a la entrada del Castillo Sforzesco, inmenso castillo perfectamente conservado cuya defensa fue diseñada por el mismo Leonardo Da Vinci, siendo utilizado posteriormente por Napoleón Bonaparte.
Pasado el castillo se encuentra un precioso parque que seguramente fueran los jardines del castillo y donde reposamos tumbados en la hierba y casi nos quedamos dormidos. Al final de estos jardines se encuentra el “Arco della Pace”, que era la puerta que unía Milán con Paris.
Desde aquí solo nos quedaba una cosa para visitar de las que teníamos prevista así que como estaba cerca fuimos caminando hasta el Cementerio Monumental. Ha sido la primera vez que visito un cementerio haciendo turismo, pero en la guía de viajes destacaba dos cosas que me llamaban la atención. La primera, el monumento a los caídos en campos de concentración Nazi, cosa que me llama la atención por el hecho de que Italia era aliada de los Nazis. Y la segunda, que al parecer el cementerio está lleno de autenticas obras de arte por las construcciones de los mausoleos de la clase pudiente de Milán, si bien a mi esta visita me dio un poco de mal rollo y tras ver de refilón el monumento (más bien discreto) y algunos mausoleos, me di la vuelta y salí de ahí.
En el camino hasta el Cementerio pasamos por el ChinaTown de Milán, unas 50 manzanas de casas y tiendas donde los únicos occidentales éramos nosotros y donde aprovechamos para avituallarnos a precios decentes de redbull y agua. No me imagino ahí de noche, pero tiene que ser pintoresco.
Hasta ahora habíamos montado en los buses de Milán, en el metro, en los trenes de trenitalia, pero nos faltaba lo más pintoresco… el tranvía. Así que como ya habíamos terminado la visita “oficial” y nos quedaba tiempo de sobra nos fuimos a dar una vuelta en tranvía hasta la plaza del Duomo, desde donde aprovechamos para hacer compras y conectarnos unos minutos por WIFI desde el teléfono.
Ya solo queda un día para terminar esta excursión y ¿que hay mejor que irnos de crucero para descansar un poco de los días que llevamos de caminar?
“Como” es una ciudad pegada a los Alpes y a tan solo 40 km de Suiza, con un fantástico lago que por su belleza, clima y posición ha encantado no solo a los viajeros que se desplazan en excursiones fugaces, como nosotros, sino a múltiples artistas y políticos de primer nivel de todo el mundo, que en la multitud de mansiones que pueblan las orillas del lago pasan su temporadas vacacionales.
Para llegar hay que desplazarse una hora en tren desde la estación de “Cadorna” hasta la estación ”Como Lago”.
Lo primero que hicimos al llegar fue buscar un restaurante con comida típica Italiana y de hecho acertamos porque fue donde mejor comimos de todos los sitios donde hemos estado. Por primera vez puedo decir que la pasta estaba exquisita y la ensalada no solo estaba rica sino que era abundante a más no poder.
De ahí al embarcadero a buscar el crucero que mas nos interesaba y habiendo para elegir uno de una hora y otro de 4 horas, nos decidimos por el largo, si bien cuando fui a pagar casi me da un soponcio. El viajecito cuesta 16€ por persona y llega hasta Bellagio, que mas o menos es la mitad del lago, quedando a los mismísimos pies de los Alpes y donde cambia hasta el clima.
Lo cierto es que fueron muchas horas y nos aburrimos algo a la vuelta. Quizás con el crucero de 1 hora hubiéramos tenido suficiente para ver las mansiones, los hidroaviones cada 10 minutos aterrizar y despegar y apreciar la paz del lago. Aunque esto también podría haber sido poco. Quién sabe.
A la vuelta se nos hizo bastante tarde porque nos perdimos cogiendo el tren y nos fuimos en dirección contraria y se ve que con tanta emoción nos entro mucho hambre. El caso es que junto al hotel habíamos visto una pizzería que tenia buena pinta y la ocasión se pintaba bien para ver que tenían ahí. La sorpresa fue doble, porque no solo era baratísima comparado con los precios que hemos pagado todo el tiempo que no bajaban de 10 o 12€ por persona, sino que estaba buenísimo. Nos pedimos sendos “Calzone” por 4€ y fuimos totalmente incapaces de terminarlo por su tamaño y la cantidad de relleno que tenia. Sin duda fue una buena despedida para Milán, aunque aun no sabíamos que al dia siguiente por las protestas de los controladores franceses y españoles nos tendrían metidos en el avión casi una hora de mas por no poder despegar. Pero eso ya es otra historia.
Como conclusión Milán es una gran ciudad, es sin duda la capital de la moda, y no solo porque esté en las tiendas, sino que ahí la gente viste muy, muy bien. Mucho mejor de lo que uno está acostumbrado. Las calles son las más limpias que he visto. Sin colillas, sin papeles sin ni siquiera polvo… Una maravilla moverse por las calles con ese nivel casi enfermizo de limpieza. En cuanto a su atracción turística, no tiene mucho que ver, si bien el Duomo y la subida a sus partes mas altas merecen un 10 y se encuentra entre las cosas más impresionantes que he visto en mi vida. Lo demás, no es nada que no se espere de una gran ciudad.

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