26 de enero de 2006, Navegando por el Amazonas

Si hay algo que nunca podré olvidar, sin duda es el primer atardecer navegando por el Amazonas.

Sin embargo no ha sido tan fácil llegar hasta aquí. Desde Chachapoyas tuvimos que viajar 3 horas hasta Pedro Ruiz en un microbús que nos costo 9 dólares por un camino sin asfaltar en su mayoría pero en un estado medianamente aceptable. La última parte discurre a la vera del río Marañón que en esta parte forma rápidos endiablados y entretienen hasta que llegamos de nuevo a la civilización. En Pedro Ruiz comimos rápido y esperamos a que alguno de los buses que vienen de Lima con mas de 18 horas de viaje tengan espacio para llevarnos, y sin duda tuvimos suerte porque el primero que paso tenia dos espacios y nos puso en Tarapoto en unas 6 horas mas cobrándonos otros 9 dólares por ser un bus de lujo, con asientos cama, televisiones por todas parte, baño y azafatas o terramozas como las llaman aquí. Si el bus hubiera sido convencional el precio se hubiese reducido a 7 US$.

Lo cierto es que llegamos a buena hora para poder encontrar un hotel rapidillo donde pasar la noche (Hotel Amazonas. 7 US$) para recorrer de una vez el último trayecto del viaje.

Así fue que al día siguiente a las 10.00 a.m. salimos en un taxi compartido por el difícil camino de tierra que separa Tarapoto de Yurimaguas. En medio de la selva pasando por las ultimas colinas de los andes en medio de un barrizal increíble y 5 personas adultas con sus respectivos equipajes en un boyota estrecho que sin tracción a las 4 ruedas y patinando a causa del barro como si fuera una patinadora de hielo intento llevarnos sin novedad hasta la orilla del río.

Lo lógico que tenia que pasar ocurrió y ahí en la mitad de la nada, el coche se averió por un problema con la bomba de la gasolina, sin gasolineras, sin talleres, sin repuestos y sin ayuda de nadie... Así fue que tras varios intentos infructuosos de lograr que el vehículo funcionase, se encontró la única solución posible que fue utilizar un envase de 5 litros de agua lleno de gasolina en alto y con una manguera, hacerle llegar la gasolina al sistema de inyección. De esta manera lograríamos que llegase el combustible sin sistema de bombeo. Aunque en la practica esto supuso tener que atar a la ventanilla delantera la garrafa y el que iba delante tenia que sujetarla todo el camino. Además que cada media hora el combustible se terminaba y había que desmontarlo todo y sacar gasolina del depósito para volver a llenarlo.

Al final llegamos sin mayores problemas una hora mas tarde, sumando en total otras 5 horas más para hacer solo 140 km.

Según nos bajamos del coche fuimos directos al puerto para ver si lográbamos encontrar un barco, ya que estos barcos no son regulares y salen solo cuando les va bien salir, y justo cuando entrábamos al puerto salía el barco dirección a Iquitos.

Desafortunadamente no pudimos rematar el día montándonos a ese barco, sin embargo había otro esperando para salir al día siguiente lo que nos permitió relajarnos un poco y conocer un poco las posibilidades de viaje. Ahí nos explicaron que la mayoría de la gente viaja en el segundo piso en hamacas que cada cual lleva y se incluye la comida de los dos días de viaje pero que cada uno debe llevar su cubierto y su plato. Esta cubierta esta encima del motor y de la cubierta de carga, con sus olores y ruidos. Viajar aquí tiene un precio de 15 US$ aunque existe otra posibilidad viajando en el tercer piso lejos de los olores, sin ruido y con comedor con asistente, cubiertos, platos, y comida algo mejor, etc... que se sube hasta los 30 US$. La ultima opción es la de viajar en camarote doble por 88 US$.

Nosotros decidimos la posición intermedia por ser la aparentemente más equilibrada considerando haber acertado de pleno sobre todo porque al viajar menos gente el equipaje viaja mucho mas seguro. Aparte de la ausencia de olores y ruidos provenientes de las vacas, cerdos y artículos varios que transporta el barquito y su endiablado motor.

Así fue que rápidamente nos subimos al barco a hacer posesión de nuestro huequito en la cubierta tercera donde nos permitieron pasar la noche previa al viaje con lo que nos ahorramos el hotel de esa noche.

Esa primera noche de mi vida durmiendo en una hamaca fue mucho mejor de lo que me imaginaba ya que dormí bien, cómodo y sin demasiadas interrupciones... De hecho los trabajadores comenzaron a hacer sus labores y a cargar el barco a las 6 de la mañana y yo no me desperté hasta las 10.00 a.m. Posteriormente paseamos por el pueblo conociendo los tres embarcaderos, los mercados e incluso alquilamos una moto por 2.5 US$/hora. Una curiosa moto china o india de 125 cc semiautomática con un sistema de cambio de lo mas raro, aunque una vez que se le coje el truco va bastante bien.

A las 14.00 ya estábamos en el barco dispuestos a zarpar según el horario oficial, sin embargo no fue hasta las 16.00 que por fin finalizaron las cargas y obtuvieron los permisos. En nuestra cubierta viajaban unos 20 pasajeros con los que ya empezamos a entablar conversación y camaradería, mientras que en la cubierta inferior había más de 250 personas en el mismo espacio. Realmente podía llamarse hacinamiento a la forma de viajar de esa cubierta, sobre todo teniendo en cuenta que no solo son los múltiples olores y sonidos humanos los inseparables compañeros de viaje, sino que los sonidos de los cerdos, vacas, gallinas y algunas especies mas, acompañados de sus olores también hacían compañía al estrepitoso sonido del motor Volvo de la embarcación, todo ello proveniente de la cubierta de carga.

Este primer día de viaje aunque breve por las pocas horas de sol, fueron muy intensas, buscando animales en la selva ribereña, escuchando los sonidos de las aves y algunos mamíferos, mirando al agua para deleitarnos con su corriente, colores, intensidad, anchura, etc... Poco a poco la anchura se iba aumentando y su vegetación invadía inexpugnable todo a su paso hasta la misma orilla del río. De vez en cuando podíamos divisar entre la espesura algún techo de palma entrelazada dando paso a su espacio de terreno dedicado a la agricultura o ganadería en la mayor parte de subsistencia. Solo cada mucho tiempo podíamos ver una agrupación de casas en la orilla correspondiente a las múltiples comunidades indígenas que desde ya hace mucho tiempo han tenido contacto con la sociedad occidental e incluso han acogido como suyas algunas de estas costumbres. Es en estos momentos cuando pienso en la cantidad de comunidades lejos de los ríos principales en los que aun no se habrá hecho contacto directo entre el mundo que nosotros conocemos y los de tribus ancestrales.

Ese primer día termino para nosotros con un atardecer lleno de colores y tonos calidos de un gran sol de tonos rojizos reflejándose en el ancho y voluptuoso río Huallagas. La lluvia tropical ayudo a refrescar la noche y viendo una película en los televisores del barco nos quedamos dormidos en nuestras hamacas sobre las 21.00 p.m.

El día siguiente comenzó diferente en muchas cosas. El barco había pasado la noche navegando a oscuras y ayudado solo por una linterna para ver los márgenes laterales del río, mientras dormíamos habíamos pasado la desembocadura del río Huallagas al río Marañón y este ahora es aun mas ancho y la vegetación mucho mas espesa. Este día lo pasamos muy entretenidos ya que las comunidades indígenas están muy próximas unas de otras y utilizando el cauce del río como medio de transporte este barco se convierte en la espina dorsal de este comercio, embarcando y desembarcando animales, pescado y frutas de lo más variopinto continuamente. La gente sube y baja, se embarca y desembarca mercancía en un frenético ir y venir sin un orden aparente, al menos para mi que solo observo. En ocasiones me da tiempo a bajar a tierra unos minutos y ver de cerca la gente y sus edificaciones, e incluso encontré una botella de Cocacola en la tienda de una de las comunidades que me hizo olvidar el sabor de los refrescos que vende el barco. No todo aquí son plantas animales e indígenas, para mi sorpresa he visto en varias ocasiones un ancho tubo cerca del río que me hacia sospechar de algo mas, siendo su confirmación unos enormes depósitos de petróleo sin refinar en el medio de la selva provenientes de varios pozos petrolíferos que desangran y contaminan este escaso bien paradisiaco de la selva Amazónica.

El desayuno o bordo consistió en un sándwich de pollo y otro sándwich vegetal acompañado de jugo natural de frutas y te, o café y la comida tuvo un primer plato de sopa con verduras y carne y un segundo de arroz, alubias (similares a los frijoles) y un guiso de carne muy rico.

Aun no hemos llegado oficialmente al Amazonas, que según los planes iniciaremos por la noche al juntarse el río Marañón, por donde navegamos ahora con el río que viene de Pucallpa sin embargo no perdemos la esperanza de poder ver algún delfín rosado de agua dulce, originarios y casi únicos del río Amazonas.

La noche comenzó temprano debido principalmente al calor húmedo y agotador del ambiente y sobre las 21.00 ya estábamos todos durmiendo esperando con impaciencia la llegada oficial del Amazonas. Esta esperada llegada comenzó a las 02.00 a.m. cuando el barco paro en un gran pueblo llamado Nauta a solo 40 minutos del gran río. En este pueblo tardaron mucho puesto que había mucha mercancía que sacar y también mucha gente que prefería bajarse aquí y seguir por tierra en la única carretera de la zona que une la ciudad con Iquitos, sin embargo nosotros seguimos en el barco despiertos hasta que el aumento de movimiento del agua nos indico que estábamos por primera vez en el comienzo oficial del río Amazonas, el mas caudaloso y largo del mundo.

En el punto donde se juntan todos los ríos el oleaje es muy considerable y nos acompaño el resto del camino ya que debido al volumen ingente de agua esta muy lejos de ser un pacifico río.

Pasada la emoción del momento volvimos a nuestras hamacas a continuar durmiendo hasta la mañana siguiente.

Nos despertamos sobre las 09.00 a.m. y tras un apetitoso desayuno en el comedor esperamos solo unos minutos más hasta la llegada al puerto de Iquitos.

Cuando pensábamos que todo había terminado, la policía anuncio que revisaría todo el pasaje y carga del barco encontrando entre los sacos de Arroz de la bodega un cargamento de Cocaína proveniente de la selva que alargo el desembarco aun mas revisándonos el equipaje aun dos veces mas antes de poder salir a tierra.

El viaje había terminado y estábamos en Iquitos, ciudad en medio del Amazonas solo accesible en barco o en avión y bordeada por los ríos Nanai, Itaya y el omnipresente Amazonas.

Con este viaje concluyo el segundo sueño y meta de este continente americano que es navegar, conocer y vivir la vida dentro del río Amazonas. El Mar Caribe ya quedo atrás y cumplió con creces las expectativas que tenia de el, y ahora el Amazonas deberá quedar tan bien como yo espero, ya que mis expectativas son muchas y amplias de el.

Un saludo desde el corazón de Perú, desde el corazón del Amazonas

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